Prueba de esperanza para mis sacerdotes

Mis Sacerdotes:

Mi Padre y Yo y Nuestro Espíritu Santo, Que Somos el Único Dios Vivo y Verdadero, os tenemos puestos a prueba, para vuestro Eterno Bien y el de Vuestras almas.

ESPERAD EN MÍ. Me tenéis en Vuestras Manos, no Me dejéis.

NO ME DEJES, NO ME DEJES

Hijos Míos Sacerdotes, Yo vengo a Vuestras Manos. Para ello, Mi Padre y Yo y Nuestro Espíritu Santo Las hemos CONSAGRADO como VIVOS Y UNGIDOS ALTARES NUESTROS.

Quiero estar siempre en Vuestras Manos, y, de Vuestras Manos, ir directamente a la Sagrada Hondura del Corazón Humano que Me ama debidamente, es decir, a LA APERTURA SANTA DE LA PUERTA SAGRADA QUE ES SU BOCA.

Yo no soy un salteador o un bandido. El salteador, el bandido NO entra por la PUERTA del rebaño, sino por otro lugar. Y la boca de los comulgantes Míos es la Puerta, a imagen y semejanza de la Mía, que guarda dentro de sí al Pastor, Que Yo Soy, y a Mi Rebaño del Cielo, Purgatorio y Tierra, pues al recibirMe, recibís a Todo Mi Rebaño, a Todo Mi Cuerpo Místico.

No esperéis en vosotros mismos, no esperéis a que el ser humano decida por dónde recibirMe desde el primer momento de comulgar, si en la mano o en la Sagrada Puerta del corazón, del alma y de todo el ser, que es la BOCA. Esto ya está decidido por Mi Padre y por Mí y por Nuestro Espíritu Santo.

No esperéis en vosotros mismos, poned toda Vuestra Esperanza en Nos, Que Somos Vuestra SANTÍSIMA TRINIDAD, EL ÚNICO SEÑOR, EL ÚNICO DIOS VIVO Y VERDADERO: MI PADRE Y YO Y NUESTRO ESPÍRITU SANTO.

APÉNDICE

Hijos Míos Sacerdotes:

Tras unos años de algunos pocos y primeros siglos, fui dejando que maduraran Mis almas hasta caer ellas en la cuenta de la necesidad de recibirMe directa, digna y humildemente en la boca.

Ya van llegando a lo perfecto, a la Perfección en ello.

Mi Santa Iglesia, Vuestra Santa Madre Iglesia, Hija de Mi Santísima y Siempre Virgen Madre, se alegró de que, al fin, Mis almas entendieran el Modo de comulgar que Mi Padre y Yo y Nuestro Espíritu Santo queremos.

Así la Santa Madre Iglesia, asistida por Nos en Sus Jerarcas, lo ratifica para siempre en varios Concilios y en diferentes ocasiones.

No volváis la cabeza atrás, habiéndose alcanzado esta cima de Perfección para Nuestra Honra y Gloria y Santificación y Salvación Eterna de Mis almas.

No volváis atrás.

¿No habéis pensado que esta vuelta atrás, este atraso, es evidentemente obra de Mis enemigos?

Esperad en Mí, confiad en Mí: Yo os daré Sabiduría que ninguno de Mis adversarios podrá vencer.

Ánimo, por Nuestro Divino Corazón: Permaneced en Nuestro Divino Amor, firmes en la Fe que infundimos, Divina y Católica; y esperanzados en Nos, Que Somos El Único Dios Vivo y Verdadero, TRINIDAD SANTÍSIMA.