ACTIVIDAD INTELECTIVA DEL «YO» O ESPÍRITU PERSONAL HUMANO, PARA CON SU PROPIO ESPÍRITU ESENCIAL HUMANO, QUE ES EL ALMA: ESPÍRITU Y ALMA QUE SON UN SOLO SER ESPIRITUAL HUMANO
«Y EL DIOS DE LA PAZ OS SANTIFIQUE TOTALMENTE, PARA QUE VUESTRO ÍNTEGRO ESPÍRITU Y ALMA Y CUERPO SE CONSERVE SIN REPROCHE HASTA LA VENIDA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO» (1 Tesalonicenses 5, 23)
II. – EL ALMA HUMANA PROPIA, CONTEMPLADA POR SU PROPIA PERSONA, ES DECIR, POR SU PROPIO «YO» O ESPÍRITU HUMANO.
Por persona,
Alma
Contemplada
Eternamente.
VAMOS A VIVIR ETERNAMENTE, Y CADA UNO DE NOSOTROS, CADA UNA DE NOSOTRAS, QUE SOMOS ESPÍRITUS PERSONALES HUMANOS, HEMOS DE CONTEMPLAR NUESTRAS RESPECTIVAS ALMAS, DURANTE TODA LA ETERNIDAD.
ES PRECISO QUE CADA CUAL PUEDA CONTEMPLAR SALVADA ETERNAMENTE SU PROPIA ALMA POR LA GRACIA Y LA MISERICORDIA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.
Así daremos, ahora y eternamente, gracias a la Santísima Trinidad, porque nos ha querido crear exclusivamente para estar con Ella eternamente en el Cielo.
Ahora debemos contemplar, cada cual a su propia alma, como un regalo muy especial del Señor.
Cada persona humana tiene su propia alma, tiene su propio cuerpo.
Cada persona es un regalo de Dios, un don de Dios; y dentro de cada cual hay un alma y un cuerpo, que hay que salvar eternamente.
El alma, por ser creada inmortal por naturaleza, no puede morir.
El cuerpo, debido al pecado, ahora muere, aunque antes del pecado original recibió el don preternatural de la inmortalidad.
Sin embargo, Dios Único y Verdadero, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se ha dignado, libre y gratuitamente, concedernos el rescate, la redención, el llevarnos Consigo al Cielo, no sólo con nuestras propias almas, sino un día, en el último día del mundo, en el juicio final, también con nuestros cuerpos: unos cuerpos para unirse al alma en el Cielo, gloriosamente resucitados; otros cuerpos resucitarán, ciertamente, pero para unirse a sus propias almas, que, por culpa de ellas mismas, no están salvadas, sino perdidas eternamente en el infierno.
Procuremos, ya que Dios quiso crearnos para el Cielo y jamás para el infierno, ser fieles a Dios en su designio gratuito y libérrimo sobre nosotros.
No Le defraudemos, que para estar con Dios eternamente en el Cielo fuimos creados a su imagen.
No perdamos la gracia santificante que es la que nos hace semejantes, parecidos a Dios.