Siete Dolores y Gozos de San José

Siete Dolores y Gozos del Purísimo y Siempre Virgen Esposo de la Siempre Virgen María, San José

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

Ofrecimiento

Glorioso Patriarca San José, el Siempre Rodeado de la Inmaculada Concepción, (Ver Jeremías, 31, 22), eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros siete dolores y gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y su madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo. Amén.

Primer dolor y gozo.

ESPOSO SIEMPRE VIRGEN de la PERPETUA VIRGINIDAD QUE ES MARÍA, GLORIOSO SAN JOSÉ:

¡QUÉ AFLICCIÓN y ANGUSTIA la de VUESTRO CORAZÓN el tener que imponer, por Inspiración Divina, sobre Nuestro Señor Jesucristo, en el Nombre del Eterno Padre, todos los pecados del mundo, -como Moisés y Aarón sobre el simbólico cabrito emisario y expiatorio, (Ver Levítico 16, 8-10), que era figura de Nuestro Señor, EL CUAL, DIOS Y HOMBRE VERDADERO, voluntariamente carga con las culpas y enfermedades de todos-, PARA QUE FUESE LLEVADO, en el Purísimo Seno de la Siempre Virgen María, AL DESIERTO, REPUDIADO, junto con Ella, fuera de la ciudad, al objeto de RESCATAR y SALVAR a la humanidad pecadora, a fin de que ASÍ SE CUMPLIERAN LAS DIVINAS ESCRITURAS…!

¡Pero cuál fue también VUESTRA ALEGRÍA cuando el ÁNGEL OS CONFIRMÓ LO QUE, como especialísimo Representante del Eterno Padre, por INSPIRACIÓN DIVINA SABÍAIS, EL MISTERIO DE LA DIVINA ENCARNACIÓN DEL VERBO, JESUCRISTO, y os manifestó que RECIBIERAS YA en tu casa a tu ESPOSA, pues el Fruto de Su Seno ya había sido por el Eterno Padre repudiado espiritualmente, en el Divino Secreto del Cumplimiento de las Divinas Escrituras, A TRAVÉS de tu DECISIÓN INTERNA DOLOROSÍSIMA , -Obedientísimo al Señor-, DE CUMPLIR LA VOLUNTAD DIVINA de REPUDIAR al HIJO, JUNTO con SU SANTÍSIMA MADRE, en el SECRETO DIVINO de NO LIBRAR a Su Santísimo Hijo, junto con la Purísima Madre de Su Mismo y Único y Eterno Hijo Jesucristo, DEL CASTIGO MERECIDO por toda la pobre humanidad pecadora, como el VERDADERO CABRITO o CHIVO EXPIATORIO QUE ES NUESTRO MISMO DIOS Y SEÑOR JESUCRISTO!

Por este dolor y este gozo os pedimos consoléis nuestro corazón ahora y en nuestros últimos dolores, con la alegría de una vida justa y de una santa muerte, semejante a la vuestra asistidos de Jesús y de María.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Segundo dolor y gozo

Bienaventurado patriarca glorioso S. José, escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre, el dolor que sentisteis viendo nacer al Niño Jesús en tan gran pobreza, se cambió de pronto en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los ángeles y al contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente.

Por este dolor y gozo alcanzadnos que después del camino de esta vida vayamos a escuchar las alabanzas de los ángeles y a gozar de la gloria celestial.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Tercer dolor y gozo

Ejecutor obediente de las leyes divinas, glorioso San José, la sangre preciosísima que el Redentor Niño derramó en su circuncisión os traspasó el corazón, pero el nombre de Jesús que entonces se le impuso, os confortó llenándoos de alegría,

Por este dolor y por este gozo alcanzadnos el vivir alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos con el nombre de Jesús en el corazón y en los labios.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Cuarto dolor y gozo

Santo fiel, que tuvisteis parte en los misterios de nuestra redención, glorioso San José, aunque la profecía de Simeón acerca de los sufrimientos que debían pasar Jesús y María, os causó dolor, sin embargo os llenó también de alegría, anunciándoos al mismo tiempo la salvación y resurrección gloriosa que de ahí se seguiría para un gran número de almas.

Por este dolor y por este gozo, conseguidnos ser del número de los que por los méritos de Jesús y por la intercesión de la Virgen María han de resucitar gloriosamente.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Quinto dolor y gozo

Custodio vigilante del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José, ¡cuánto sufristeis teniendo que alimentar y servir al Hijo de Dios, particularmente a vuestra huida a Egipto!, ¡pero cuán grande fue vuestra alegría teniendo siempre con vos al mismo Dios y viendo derribados los ídolos de Egipto.

Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos alejar para siempre de nosotros al demonio, sobre todo huyendo de las ocasiones peligrosas, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos y muramos gozosos en su amor.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Sexto dolor y gozo

Ángel de la tierra, glorioso San José, que pudisteis admirar al Rey de los cielos, sometido a vuestros más mínimos mandatos, aunque la alegría al traerle de Egipto se turbó por temor a Arquelao, sin embargo, tranquilizado luego por el Ángel vivisteis dichoso en Nazaret con Jesús y María. Por este dolor y gozo, alcanzadnos la gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor nocivo, de poseer la paz de la conciencia, de vivir seguros con Jesús y María y de morir también asistidos de ellos.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Séptimo dolor y gozo

Modelo de toda santidad, glorioso San José, que habiendo perdido sin culpa vuestra al Niño Jesús, le buscasteis durante tres días con profundo dolor, hasta que lleno de gozo, le encontrasteis en el templo, en medio de los doctores.

Por este dolor y este gozo, os suplicamos con palabras salidas del corazón, intercedáis en nuestro favor para que no nos suceda jamás perder a Jesús por algún pecado grave. Mas si por desgracia le perdemos, haced que le busquemos con tal dolor que no nos deje reposar hasta encontrarle favorable, sobre todo en nuestra muerte, a fin de ir a gozarle en el cielo y a cantar eternamente con Vos sus divinas misericordias.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Antífona

Jesús mismo era tenido por hijo de José, cuando empezaba a tener como unos treinta años. Rogad por nosotros, San José, para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oración Final

Oh Dios, que con inefable providencia, os dignasteis elegir al bienaventurado José por esposo de vuestra Santísima Madre, os rogamos nos concedáis tener como intercesor en los cielos al que en la tierra veneramos como protector. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

HISTORIA DE LA DEVOCION DE LOS SIETRE DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSE

Fray Juan de Fanno, un escritor italiano nos cuenta que navegaban dos Padres de la Orden de San Francisco para Flandes, y anegóse la nave en que iban trescientas personas.

Los dos se abrazaron a una tabla y anduvieron tres días con sus noches sobre las ondas del mar, encomendándose al glorioso San José, de quien eran muy particularmente devotos. Al tercer día se apareció en medio de ellos, sobre la misma tabla, en figura de un hermosísimo mancebo, saludóles afablemente, confortó sus ánimos desaecidos y alentó las fuerzas de sus cansados miembros, y sanos y salvos salieron a salvamento.

Los buenos frailes, como se vieron en tierra, hincadas sus rodillas, dieron gracias a Dios por tan gran beneficio, y al mancebo que les acompañó le suplicaron encarecidamente les dijese su nombre: declarosle ser San José, y descubrióles los siete grandes dolores y siete gozos que recibió en los siete misterios, de que se tiene tan gran devoción, prometiendo ayudar y favorecer en todas sus necesidades a cualquiera que en memoria de estos siete misterios dijese cada día siete Padrenuestros y siete Avemarias, y esta devoción usan muchos en Italia, principalmente los Padres Capuchinos.

De aquí nació la piadosa devoción de los Siete Domingos, en que se recuerdan esos siete dolores y gozos de San José. Los Siete Domingos pueden hacerse en todo tiempo, si bien el más apropiado es el anterior a la fiesta de San José, del 19 de marzo.

Los Siete Domingos consisten principalmente en la meditación de los siete dolores y gozos de San José y el rezo de un Padrenuestro y un Avemaria.

Son el rosario de San José.

En la historia que hemos narrado antes, sólo se pidió a los dos Padres capuchinos salvados del naufragio que rezasen siete simples oraciones, parece ser lo más propio, tengamos presente el texto del Evangelio correspondiente a cada dolor y gozo, y añadamos a cada uno de ellos un Padrenuestro, tal como los ponemos a continuación (y según se han venido ya rezando).

Pueden rezarse de dos formas, o haciendo las siete lecturas tal como las ponemos al final, a continuación, o también la lectura de un solo dolor y gozo cada domingo, un Padrenuestro y Avemaría y Gloria.