Trigésimas primeras Confidencias de Jesús a Sus Obispos de todos los tiempos

1. «Mis muy Amados Enviados, Mis muy Amados Apóstoles, Obispos Míos y de Mi Padre y de Nuestro Mutuo y Eterno Amor, El Espíritu Santo:

2. No os limitéis a escuchar a las almas, no os calléis, decidles Nuestras Palabras siempre.

3. Necesitan todas las almas que les nutráis siempre de Nuestras Palabras, Que Son Verdaderas, Eternas, Omnipotentes, Redentoras, Santificadoras, Salvadoras.

4. No respetéis las palabras del mundo, del demonio, de la carne. Rechazadlas con la Infinita Santidad de Nuestras Propias Divinas Palabras.

5. No dialoguéis nunca con los enemigos de las almas, sino exorcizad a Nuestras criaturas para que no obstaculicen el acercamiento de las almas a Nos.

6. No seáis enemigos de Nuestros Exorcismos. Exorcizad, exorcizad, exorcizad.

7. Hacedles siempre este bien a las almas, pues toda alma de buena voluntad querrá siempre ser más y más exorcizada, liberada de toda influencia diabólica, por leve que parezca.

8. Preparad, para los Santos, Sagrados y Divinos Exorcismos, a vuestros Sacerdotes, y también a los Minoristas Clérigos, a los que hayáis querido ordenar, con la Orden Menor del Exorcistado y las demás Órdenes Menores, que Yo y Mi Padre y Nuestro Espíritu Santo jamás aboliremos y vosotros podéis y debéis usar si Nos amáis de veras, pues el «Vetus Ordo De la Misa, de los Sacramentos, de los Sacramentales» no puede ser jamás abolido, aunque haya caído en desuso, ya que Nos pertenece a Nos, es Nuestro, y por siempre así lo instituimos, para mucho y mayor bien de las almas.

9. Del mismo modo, ha recaído sobre vuestra Autoridad Apostólica o Episcopal, que Mi Padre y Yo y Nuestro Espíritu Santo, libre y gratuitamente, os hemos concedido para la Salvación Eterna de las almas, el poder optar, con toda divina legitimidad, por el «Vetus Ordo Missæ».

10. Si no lo hacéis, sino que seguís los pensamientos de los hombres, no Nos habréis obedecido a Nos, y tendréis un día que comparecer ante Nuestro Divino y Eterno Tribunal.

11. TemedNos a Nos, por Amor Nuestro, y no temáis a los hombres.

12. ¿Acaso el «hombre» no ha declinado en vosotros el uso del «Vetus Ordo»? No agradéis al «hombre», sino a Mí, Que Soy El Único Dios en la Infinita Unidad de Mi Padre y de Nuestro Espíritu Santo.

13. Los hombres esperan que digáis «SÍ» a ellos. Pero Vuestro «Sí» es únicamente para Nos».