Trigésimas segundas Confidencias de Jesús a Sus Obispos de todos los tiempos

1. Mis muy Amados Obispos: «Como Mi Padre Me envió, así os envío Yo».

2. Yo no soy «un hombre, un hombre», como se ha dicho de Mí. YO SOY PERSONA ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE DIVINA, IGUAL A MI PADRE Y AL ESPÍRITU SANTO, Que, sin dejar de Ser El Mismo y Único Dios Vivo y Verdadero, Me he querido hacer HOMBRE, pero no persona humana, por vosotros y por vuestra Salvación.

3. No es lo mismo «hombre» que «persona humana». El hombre es el cuerpo humano y el alma humana, o sea, la naturaleza humana, la substancia humana, corporal y espiritual.

4. Pero la «persona humana» es ese «espíritu humano» o «yo humano» que forma con el alma una unidad, y es como la cabeza directora del alma humana y del cuerpo humano.

5. Pero Mi «YO» no es humano, es Única y Exclusivamente Divino, es decir, «EL ESPÍRITU PERSONAL UNIGÉNITO DE MI PADRE», IGUAL A MI PADRE, QUE ES «ESPÍRITU PERSONAL INGÉNITO», es decir, «NO ENGENDRADO», e IGUAL AL «ESPÍRITU PERSONAL ESPIRADO» POR MI PADRE Y POR MÍ, QUE ES NUESTRO ESPÍRITU SANTO.

6. Mi Padre y Yo y Nuestro Espíritu Santo, Espíritus Personales Divinos, Distintos e Iguales en Infinita y Eterna Dignidad, SOMOS UN SOLO, INFINITO Y ETERNO ESPÍRITU ESENCIAL O DIVINIDAD, LA ÚNICA DIVINIDAD VIVA Y VERDADERA, EL ÚNICO VERDADERO DIOS.

7. Se ha dicho también de Mí que no soy un «espíritu». YO No Soy Un «espíritu personal humano», y aunque a Mi Propia Alma Humana La Llamo Espíritu, no es porque Ella Sea Espíritu Personal Humano, sino porque, siendo sólo «ESPÍRITU ESENCIAL HUMANO», NO PERSONAL, está junto con Mi Propio Cuerpo Infinitamente Unida A Mí, «Que Soy El Que Soy El Eterno Espíritu Personal Unigénito», o sea, EL Único Hijo Eterno de Mi Padre, Igual a Mi Padre y a Nuestro Espíritu Santo.

8. Y, así, al expirar en la Cruz, digo, refiriéndoMe a Mi Propia Alma, no como espíritu personal humano, sino como espíritu esencial humano, pues así es Mi Propia Alma Humana: «PADRE, A TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU».

Para todo esto, mirad Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses, capítulo 5, versículo 23:

«ET DEUS PACIS SANCTÍFICET VOS PER OMNIA, UT INTEGER SPÍRITUS VESTER, ET ANIMA ET CORPUS, SINE QUERELA IN ADVENTUM DOMINI NOSTRI IESUCHRISTI SERVETUR».

«Y EL DIOS DE LA PAZ OS SANTIFIQUE TOTALMENTE, PARA QUE VUESTRO ENTERO ESPÍRITU Y ALMA Y CUERPO SEA CONSERVADO SIN MANCHA HASTA LA VENIDA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO».