Trigésimas sextas Confidencias de Jesús a Sus Obispos de todos los tiempos

1. «Muy Amados Obispos Nuestros:

Nuestra Hija Consagrada a Nos, la misma de la que os hablamos en Nuestras Vigésimas Primeras Confidencias y en las Vigésimas Segundas, por pedir que un Sacerdote Nuestro volviera a Nuestra Casa de Oración a recoger Nuestras Apariencias Eucarísticas, recogidas de los suelos de Templos donde se daba Nuestra Sagrada Comunión, no fue entendida por la criatura en Su Celo por Nos y fue denunciada y llevada a empujones por la Policía al furgón policial y, enseguida, a la Comisaría, donde pasó una noche en la celda la víspera de Reyes, orando de rodillas, cantando en Nuestro Honor y tomada por loca, riéndose alguno de ella.

2. Al día siguiente, siendo llevada asimismo, de manera injusta, al Juzgado número 7, cantaba en Nuestro Honor cantos apropiados navideños, mostrando así su espíritu martirial ante lo injusto del trato recibido, que ella asumía voluntariamente como obsequio a Nos, pues había entregado poco antes de estos acontecimientos su persona y la Obra Espiritual que llevaban, ella misma y el sacerdote aludido, en Nuestras Divinas Manos.

3. Los guardias, el día anterior, creyeron que había habido resistencia a su autoridad, pues ella, preguntada por ellos, como no llevara entonces sobre sí el Documento de Identidad, se limitaba a decir que era una Consagrada a Nos, una persona Consagrada, como diciendo que no había razón para ser detenida.

4. Bajo esta acusación falsa participó de Nuestra Divina Pasión. El forense, en el juicio, la considera desequilibrada por su espíritu de Fe manifestado en su devoción y testimonio de Consagración.

5. Os pedimos, amados Obispos Nuestros que si algunos de entre vosotros -o todos, mucho mejor-, oyereis Nuestra Voz para limpiar los injustos historiales, tanto el judicial como el policial y el sanitario, cumpliríais un deber de Pastores Nuestros de almas, pues Yo Soy El Justo Juez y, aunque permito tales sufrimientos, participados de Mi Pasión, no quiero que le deis al mundo la razón sino a Mí y a Mi Padre y a Nuestro Espíritu Santo.

6. Venid, pues, Obispos, o Vigilantes Nuestros, en defensa de Nuestro Honor y Gloria, y Mi Padre y Yo y Nuestro Espíritu Santo os lo recompensaremos».