Trigésimos terceros Diálogos de Jesús con San Pedro Apóstol, Padre de los Apóstoles

Mi Amado Pedro:

Hijo Mío, no te detienes en nada ni en nadie.

Predicas Mi Palabra Tal Cual Es, sin que la avalancha del mundo Te detenga.

Fluyen Tus Palabras, Que Son Mías, como Río de Aguas Vivas Que lo anegan todo, que lo inundan todo.

Tú no puedes fallar, Tú no puedes negarMe.

Los que van de camino en la Tierra tienen ese peligro.

Para no desviarse de Mí, los que caminan por la Tierra, no sólo deben tener Comunicación Contigo, pidiéndoTe Consejo para todo, sino que han de cobijarse, han de protegerse bajo Tu Luminosa Sombra, en cada momento de sus vidas en la Tierra, para que jamás se separen de Mi Madre, de Su Inmaculado Corazón, pues sin Ella, nadie puede venir a Mí.

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