Undécimos Diálogos de Jesús con San Pedro Apóstol, Padre de los Apóstoles

Mi Amado Pedro:

Afectado estás por los acontecimientos que suceden contra Mí.

A Ti Te produce gran alegría el ver cómo muchas almas Me reciben con grande Piedad, pues no ven nada de pan, sino a Mí en el Divino Sacramento de Mi Altar.

SE ACERCAN A MÍ, CON TEMOR Y TEMBLOR.

Juntan sus manos sobre el pecho en señal de pleitesía y obediencia a Mi Divina Majestad.

No separan sus manos de su profunda Adoración hacia Mí. Adoran Mi Cuerpo, adoran Mi Sangre y Agua, Adoran Mi Alma, Adoran Mi Divinidad o Esencia Divina Mía, -Que Es La Misma de Mi Padre y de Nuestro Mutuo y Eterno Amor, Que Es El Espíritu Santo-, Adoran Mi Persona, Que Es Únicamente Divina, y Me reciben en lo más digno e interior de su exterior, en sus bocas.

Y, cuantos pueden, se arrodillan ante Mí.

¿Qué temor tienen estas almas a contagiarse? Me aman y las amo y protejo de manera especial.

No se sienten dignas de recibirMe ni de tomarMe con sus lenguas. Y, con todo cuidado, no Me rozan con sus dientes y Me van mirando y considerando interiormente; y, con Mi Ayuda, procuran irme tomando en su interior material y en sus almas, en sus corazones, en sus mentes.

Me aman, Me creen, Me respetan, Me agradan.

Lo contrario, no Te agrada, Vicario Mío, porque sabes que Yo Me Merezco el mejor trato.