Vigésimas novenas Confidencias de Jesús a Sus Obispos de todos los tiempos

1. Amados Obispos Míos: Permaneced en Mí y Yo en vosotros.

2. No os olvidéis de que Yo voy con Mi Padre y Nuestro Espíritu Santo en vosotros, con Esencial Diferencia con respecto a los fieles, por la Plenitud del Orden Sacerdotal Que Yo y Mi Padre y Nuestro Espíritu Santo os hemos concedido.

3. Nunca os calléis Nuestro Divino Nombre ante los que no Nos conocen.

4. Anunciadles Nuestro Divino Nombre.

5. No temáis. Estamos con vosotros.

6. Os hemos enviado para que anunciéis Nuestros Divinos Misterios a todos, sin acepción de personas.

7. Si anunciáis Nuestros Divinos Misterios fielmente, las almas se irán acercando a Nos, pues por vuestra fiel Predicación, las vamos atrayendo hacia Nos.

8. Si las almas se resistieran a Vuestro Santo Anuncio, si no quisieran aceptar Vuestra Santa Predicación, vosotros estáis libres de responsabilidad; pero insistidles a tiempo y a destiempo, con ocasión y sin ella, con Nuestro Divino Amor: Que por vuestra parte no quede nada por hacer.

9. Las almas irán descubriendo la enorme diferencia que existe entre sus creencias y la Verdadera Fe Divina y Católica que les habéis de predicar.

10. Hacedles ver que sin aceptar la Verdadera Fe Divina y Católica no pueden salvarse.

11. Nos, Que Somos Uno, El Único Dios Vivo y Verdadero, no salvamos en otros nombres, pues no existen sus otros dioses, sino que salvamos si Nos aceptan, si aceptan Nuestro Divino Nombre, Uno en Esencia y Trino en Personas: Les salvamos si se convierten a Nos de veras, abiertos a la Fe en todos Nuestros Divinos Misterios, sin oponerse a ninguna de Nuestras Divinas Verdades, al menos en la hora de la muerte.

12. Debéis demostrar a los no católicos el Dogma, el Conjunto de Nuestras Verdades de Fe y Nuestra Inmutable y Eterna Moral necesarias para salvarse.

13. No debéis olvidar la Santa Apologética Nuestra: El Modo Nuestro de ilustrar sus mentes y corazones con los infinitos esplendores de Nuestra Propia y Eterna Verdad».