Vigésimas segundas Confidencias de Jesús a Sus Obispos de todos los tiempos

1. «Mis amados Obispos: Dentro de los abusos que no debéis permitir, a fin de no ser vosotros cómplices de los mismos en Nuestra Divina Presencia, os comunico otro muy parecido abuso y con mayores consecuencias que el anteriormente os hemos narrado en Nuestras anteriores Confidencias, en Nuestras Confidencias Vigésimas Primeras dirigidas a vosotros, Nuestros muy amados Obispos.

2. Se trata de que, a la misma hija Nuestra Consagrada a Nos, dos señores encargados, estando ella preparándose de rodillas, en profunda adoración a Nos para la participación de Nuestra Celebración Eucarística o Santa Misa vespertina, siendo también Domingo, por detrás de ella se acercan, en Nuestro Consagrado Templo, para decirle que tuviese puesta la mascarilla. Ella guardaba las distancias y no está enferma. Iba a comenzar Nuestra Santa Misa Dominical, y, por tanto, de obligación de participarLa bajo pecado mortal.

3. Le obligan, con acoso, a ponerse la mascarilla, cosa que a Nos, a Mi Padre y a Mí y a Nuestro Espíritu Santo, Nos repugna, pues no se puede concebir, por la Fe que os infundimos, que Nos, Trinidad Beatísima, estemos sin proteger, por Nuestra Todopoderosa Virtud, a Nuestras fieles almas contra todo mal de alma y cuerpo, en Santa oración, en Nuestros Consagrados Templos, Que Son Templos de Salud para todo el ser humano que Nos honre debidamente.

4. Pero la falta de Divina y Católica y Viva Fe hizo que aquellos dos hombres encargados, viendo que Nuestra Fiel Hija Consagrada a Nos, aún más se postraba en profunda adoración hacia Nos, ellos, lejos de respetar Nuestra Divina Acción en esa alma, la forzaron a salir inmediatamente de Nuestro Templo; y, no contentos con ello, llamaron a la Guardia Civil.

5. Nuestra Fiel Hija, Hija Consagrada a Nos con votos religiosos, ya no pudo participar en Nuestra Santa Misa Dominical aquella tarde, pues los dos agentes policiales, llamados injustamente por esos dos hombres encargados, sin tener en cuenta la espiritualidad y verdadera devoción de Nuestra Bendita Hija, hicieron posible una injusta detención, creyéndose ellos que Nuestra Hija no hacía lo que a Mi Padre y a Mí y a Nuestro Espíritu Santo Nos agrada.

6. Confundidos estos hombres encargados de vigilar en Nuestro Templo, y, como consecuencia, confundidos los agentes policiales igualmente por los pensamientos de los tres enemigos de las almas, que son el mundo, el demonio y la carne, llevaron sin motivo justificado a Nuestra Fiel Hija, en contra de su voluntad, al departamento de Salud Mental, y por lo tanto Me llevaron a Mí en ella, con Mi Padre y Nuestro Espíritu Santo, por no obrar estos amados Nuestros según la verdadera Fe Divina y Católica en Nos, como así tantas veces sucedió, sucede y desgraciadamente sucederá. Comprobada su buena salud mental, tras muy pocos días en ese departamento, sólo pueden advertir su gran Fe, Devoción, Apostolado y Divino Amor hacia Nos, Trinidad Santísima.

Sucede muchas veces que los diagnósticos de muchos psiquiatras y psicólogos, que no creen en Nuestra Vida Sobrenatural, son, por ello mismo, equivocados; pues confunden con locura, por su falta de Fe, Nuestras Divinas Gracias, dando dictámenes falsos, tildando a los sanos de enfermos, cuando esos tales, como Nuestra Hija, se dejan llevar de Nuestro Divino Celo por Nuestra Divina Honra y Gloria y Salvación Eterna de las almas.

7. Obispos Míos, no permitáis esto jamás, amonestad, reprended a los sacerdotes que infligen Nuestras Leyes y son lobos para Nuestra Grey, sin saber lo que hacen. No seáis cómplices de ellos. Que las almas acosadas por ellos no tengan que dejar de acudir a Nuestros Templos por tales causas. Será bueno que, por el bien de Mis almas, sean trasladados, para que esas almas no tengan que encontrarse de nuevo con ellos.

8. Y si ellos no se arrepienten debidamente, si no se enmiendan, deben ser avisados de que, si persisten en tal obstinación, pueden llegar a ser suspendidos y en los más graves casos, hasta excomulgados, a fin de que puedan recapacitar, convertirse y volver a Nos, Que no queremos la muerte del pecador, sino que se convierta y viva».